Si seguiste la guía de jardinería de invierno, esto es lo que sigue: la primavera es cuando todo ese trabajo previo empieza a dar resultado — o cuando hay que actuar rápido si quedó pendiente.
Acá va lo esencial para esta temporada.
«Acá la primavera se nota distinto: más verde, más vida y más tiempo para disfrutar tu parcela al aire libre.»
Equipo Reserva.
Lo que plantaste en invierno ya debería estar despertando
Las especies nativas plantadas en los meses fríos —peumo, quillay, litre, boldo— empiezan a mostrar brotes nuevos en primavera. Es un buen momento para revisar cómo prendieron, sacar las que no lograron establecerse y anotar qué funcionó mejor en tu terreno específico.
Riego: de modo ahorro a modo activo
Durante el invierno, la lluvia hacía buena parte del trabajo. En primavera eso cambia rápido: las temperaturas suben, los días son más largos y las plantas empiezan a necesitar agua con más frecuencia. Revisa el sistema de riego antes de que llegue el calor fuerte de verano, no cuando ya esté encima.
Ojo con la maleza que también ama la primavera
La misma humedad y temperatura que hace crecer lo que plantaste también acelera la maleza. Un rato de deshierbe cada dos semanas en esta época evita tener que enfrentar un problema mucho más grande en enero.
Poda liviana, no la de invierno
A diferencia de la poda de invierno —pensada para árboles en reposo—, la primavera es momento de una poda más liviana: solo lo que se secó durante el frío o lo que quedó dañado por el viento. Podar fuerte en esta época puede afectar la floración de varias especies nativas.
Es el mejor momento para disfrutar, no solo trabajar
Septiembre y octubre son, probablemente, los meses en que la reserva se ve mejor: todo reverdecido, sin el calor pesado de enero ni el frío de julio. Vale la pena reservar tiempo no solo para trabajar el jardín, sino para simplemente caminarlo con un mate en la mano.
¿Quieres asesoría sobre qué especies nativas se dan mejor en tu terreno específico dentro de la reserva?


